Ha pasado un año exactamente. Hace hoy un año expresé un deseo. Dieciocho días antes el fuerte viento fascista que volvía a soplar en Roma había llegado y se había llevado parte de una historia. La historia de John Doe. No pudo llevarse la memoria de esa historia. La memoria perdura. Dura lo que dura el tiempo. El tiempo es solo memoria. La que dejan nuestros actos sirve para reconstruir nuestra historia, la historia de nuestros tiempos, porque nuestro tiempo es siempre plural o no es.

Hoy aquel deseo es realidad. Plural. Hoy John Doe es solo uno de los camaradas que han logrado reconstruir la verdad de aquella historia y construir un presente que no calla ante la mentira. Un presente que lucha por un futuro en el que callen para siempre los mentirosos: los que engañan al débil, al ignorante, al inocente, pero también a los que se dejan engañar con la pasión y tenacidad del fanático.

Hoy, camaradas, es día de celebración. Volvamos a beber, trescientos sesenta y cinco días despues, a la salud del hombre cuyo nombre es historia hecha de cuatro siglos de memorias. Un nombre que sirve para llamar en inglés a cualquier persona, se llame como se llame y sea cual sea su sexo, su edad, el color de su piel o de su dinero: “Guy” Fawkes. Hoy todas las urbes son nuestras playas. El año pasado The Guardian sugería un interesante “pub crawl”, una ruta de pubs donde se gestaron conspiraciones y revoluciones. El año pasado acabamos la noche con Julie London cantando Cry Me a River, la versión que bailan V y Evey Hammond en la inolvidable escena de V for Vendetta. Este año la acabaremos con una escena distinta. La de nuestro triunfo en The House of Lies. Si sois impacientes, podéis ir directamente al minuto 4:30.

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